
de 120 personas y se encuentra en plena cordillera de Los Andes, a 25 kilómetros de la frontera con Argentina, dentro del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales. Esta sede, fue inaugurada en abril de 1999, en la Escuela Ella Minte de Roth, que tiene la característica de ser Uní docente. Su Director es el Profesor Eduardo Morales Carabante, quién desde un comienzo a sido un pilar fundamental del programa en dicha localidad. Además, de la nivelación de estudios, se han desarrollado cursos de Computación a Nivel Usuario, los cuales comenzaron en forma paralela a la Enseñanza Media, con lo cual nos transformamos en verdaderos "pioneros" en este tipo de programas.
La sede de Peulla, es la más emblemática de todas. En ella, se da algo que en ninguna otra ocurre, tenemos tiempo de reflexionar.
Para acceder a Peulla, se debe llegar a Petrohué, donde hay que embarcarse en el Catamarán y tras navegar una hora y media, se llega al Puerto de Peulla. Luego, se camina 800 metros, para llegar al Hotel, donde alojamos y luego de almorzar, nos preparamos para iniciar las clases, a eso de las 16:00 horas, ya que debemos esperar que terminen las clases de los niños y a que nuestros alumnos adultos, terminen sus labores propias del movimiento que generan los pasajeros de van o llegan de Bariloche (Argentina).
Dependiendo de las condiciones o frecuencia con que llegamos a Peulla, es como se desarrollan las clases. En más de una oportunidad, hemos llegado a las 22:00 horas, trabajando. No falto la oportunidad, en que nos debimos alumbrar con una linterna o una vela. Las clases se hacen, si o si. En Peulla, hemos convivido con la lluvia, la nieve, las inundaciones y hemos sentido ese frío que cala hasta los huesos.
No hemos maravillado con el paisaje y la naturaleza. Hemos sentido la calidez de su gente y el compromiso de empresas como Andina del Sud y Hotel Peulla, quienes hacen posible que podamos desarrollar nuestras actividades en tan alejada localidad.
En Peulla, hemos sido testigos del sacrificio de las personas por llegar a clases "dos días a caballo, cruzar el Lago en un pequeño bote a motor", todo para llegar a clases. El sacrificio de personas, como Aroldo, nos lleva a auto imponernos la obligación de llegar a clases, cueste lo que cueste. No importa los temporales, avisos de caminos cortados o cualquier otro impedimento imaginable. Si podemos pasar, llegamos.
La sede de Peulla, es la más emblemática de todas. En ella, se da algo que en ninguna otra ocurre, tenemos tiempo de reflexionar.
Para acceder a Peulla, se debe llegar a Petrohué, donde hay que embarcarse en el Catamarán y tras navegar una hora y media, se llega al Puerto de Peulla. Luego, se camina 800 metros, para llegar al Hotel, donde alojamos y luego de almorzar, nos preparamos para iniciar las clases, a eso de las 16:00 horas, ya que debemos esperar que terminen las clases de los niños y a que nuestros alumnos adultos, terminen sus labores propias del movimiento que generan los pasajeros de van o llegan de Bariloche (Argentina).
Dependiendo de las condiciones o frecuencia con que llegamos a Peulla, es como se desarrollan las clases. En más de una oportunidad, hemos llegado a las 22:00 horas, trabajando. No falto la oportunidad, en que nos debimos alumbrar con una linterna o una vela. Las clases se hacen, si o si. En Peulla, hemos convivido con la lluvia, la nieve, las inundaciones y hemos sentido ese frío que cala hasta los huesos.
No hemos maravillado con el paisaje y la naturaleza. Hemos sentido la calidez de su gente y el compromiso de empresas como Andina del Sud y Hotel Peulla, quienes hacen posible que podamos desarrollar nuestras actividades en tan alejada localidad.
En Peulla, hemos sido testigos del sacrificio de las personas por llegar a clases "dos días a caballo, cruzar el Lago en un pequeño bote a motor", todo para llegar a clases. El sacrificio de personas, como Aroldo, nos lleva a auto imponernos la obligación de llegar a clases, cueste lo que cueste. No importa los temporales, avisos de caminos cortados o cualquier otro impedimento imaginable. Si podemos pasar, llegamos.
